La astrología
y las leyes del universo
Pedro
González Silva
pgsilva@cantv.net
Hay muchos
planos que no conocemos, pero entendiendo las leyes del universo, mucho
de lo que de otra manera sería incomprensible, se hace claro a nuestra
conciencia. Por eso, conocernos a nosotros mismos nos abre las puertas
para un conocimiento superior que podemos interpretar a través de
la astrología
Pedro
González Silva
La astrología
integra el estudio del macrocosmos universal y el microcosmos que es el
ser humano. Al determinar ciertos aspectos que se producen en el cielo,
el astrólogo es capaz de interpretar el momento que cada individuo
está viviendo.
A su
vez, al interpretar cada momento individual, el astrólogo verifica
día a día la total sincronicidad entre el ser humano y el
universo, y ello le lleva a adentrarse en el estudio de las leyes del universo,
con cuya comprensión puede tomar el dominio de su vida y ayudar
a los demás a que hagan lo mismo.
Buscando
en tu propio ser puedes llegar a entender el universo, así como
tú funcionas, así funciona él. Cada decisión
tuya es una manifestación de un momento cósmico, y cada momento
cósmico se refleja en un hecho humano. Cada deseo tuyo es un hecho
en potencia que se gesta en el universo, pero debes dejar que fluya y dejar
que el universo, dentro de su infinito abanico de posibilidades, manifieste
tus anhelos. Somos el microcosmos en total comunión con el macrocosmos.
Veamos ahora, cuáles son las leyes del universo.
TODO
ES MENTE
El primer
principio universal nos indica que “todo es mente; el universo es mental”.
Cada pensamiento nuestro es un suceso en potencia. La historia ha demostrado
que cada sueño de la humanidad se ha tornado en realidad. Cuando
Julio Verne imaginó el viaje a la Luna, muchos seguramente pensaron
que tal cosa sería imposible de realizar; el “Frankenstein” de Mary
Shelley, podría ser una realidad con el avance de la ingeniería
genética.
No debemos
tomar nuestros pensamientos a la ligera, porque estos serán posteriormente
la manifestación de una realidad. Si nos cargamos de ideas negativas,
estas vendrán a nuestra vida en forma de sucesos, en cambio, si
aprendemos a utilizar el pensamiento positivo, la visualización
creativa, estaremos en el camino de hacer realidad nuestros deseos.
Esta
primera ley universal, expresada en el libro sagrado “El Kybalión”,
explica que todo el mundo fenomenal o universo, es una creación
mental del Todo, en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
COMO
ARRIBA ES ABAJO
El segundo
principio universal es el de correspondencia y que se traduce en la ya
célebre frase: “Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba”,
y que señala que así como funciona el universo, así
funcionamos nosotros, que cada parte de nuestro organismo tiene su correspondencia
en el universo.
Así
podemos encontrar analogías tales como que los ciclos de la Luna
se corresponden con el ciclo menstrual de la mujer, o que la duración
del movimiento de precisión equinoccial del Sol, que dura 25.920
años, se corresponde con el número de veces que respiramos
en un día, es decir, un total de 25.920 veces. El ciclo de Saturno,
por su parte, se corresponde con etapas muy marcadas en el ser humano,
y que van de siete en siete años: a los siete se adquiere el uso
de razón, a los 14 se es adolescente, a los 21, mayor de edad, y
a los 28 entramos en la madurez.
Al respecto,
“El Kybalión” nos dice que hay muchos planos que no conocemos, pero
entendiendo la ley de correspondencia, mucho de lo que de otra manera sería
incomprensible, se hace claro a nuestra conciencia. Por eso, conocernos
a nosotros mismos nos abre las puertas para un conocimiento superior,
y a la vez, estudiando el universo, podemos conocernos a nosotros mismos.
TODO
VIBRA
El tercer
principio nos dice que “nada está inmóvil, todo se mueve,
todo vibra”. Esta ley, expresada hace ya miles de años, ha sido
comprobada hoy día por la física quántica. Todo vibra,
sólo que no todos vibramos con la misma intensidad, hay vibraciones
más densas y hay más sutiles. Las más densas se manifiestan
como cuerpo físico visible, y las más sutiles no las percibe
la vista, pero existen, son tan reales como las del mundo visible.
La ley
de vibración nos explica porqué cada cosa que existe en el
universo tiene un determinado efecto en nosotros y viceversa. No somos
seres aislados, estamos interconectados unos con otros y con todo lo que
existe en el universo. Los planetas influyen en nuestra vida y cada uno
vibra en correspondencia con nuestro organismo, con nuestros chakras, con
nuestras glándulas endocrinas, y cada deseo nuestro es una vibración
que el universo recibe para ser materializado de alguna manera.
LA DUALIDAD
Otro
principio es el de polaridad o dualidad. Al respecto, “El Kybalión”
nos dice que “todo es doble, todo tiene dos polos, todo su par de opuestos:
los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son
idénticos en naturaleza pero diferentes en grado; los extremos se
tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden
reconciliarse”.
En este
mundo todo es dualidad: amor-odio, frío-calor, alegría-tristeza,
luz-oscuridad, bondad-maldad y así sucesivamente. Sólo aquel
que experimenta la tristeza es capaz de disfrutar y entender la alegría.
El odio es una baja vibración que al elevarla conduce al amor.
Nadie
es totalmente bueno o totalmente malo. Mientras más pura se presente
una persona ante el mundo, más intensas son sus bajas pasiones,
mientras más perfeccionista, más imperfecciones tiene. En
un mundo dual hay que aprender a vivir en equilibrio, en armonía
interna, integrar nuestro lado oscuro a nuestro lado luminoso en un solo
ser, único e inigualable, que somos cada uno. Jesús buscó
a los pecadores y de ellos pudo extraer las más hermosas virtudes.
El cielo y el infierno están en nosotros. No hay planetas “maléficos”
o “benéficos”, signos “buenos” o “malos”, cada uno es como es, y
la inclinación hacia lo positivo o lo negativo se la da el ser humano
con su libre albedrío.
EL RITMO
El principio
del ritmo señala que “todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos
de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un
péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma
que de su movimiento hacia la izquierda, el ritmo es la compensación”.
Este
principio nos indica que todo en el universo tiene su compensación,
a un mal momento le sigue sin duda uno bueno, y viceversa, vivimos en un
constante flujo y reflujo, al entusiasmo le sigue el decaimiento y al decaimiento
el entusiasmo, hay siempre una acción y una reacción.
Por eso
la vida no avanza linealmente, sino de forma circular, avanzando en espiral,
al igual que lo hacen los planetas, por eso hay ciclos en la vida que se
repiten, pero podemos adquirir experiencia para que en cada ocasión
haya una evolución, hasta que cerremos el ciclo.
ACCIÓN Y REACCIÓN
Toda
acción genera una consecuencia. Eso es lo que llamamos “karma”.
Es importante tomar conciencia de nuestras acciones y visualizar siempre
qué efectos pueden generar, muchas veces actuamos inconscientemente
y cuando recibimos las consecuencias de nuestros actos, nos preguntamos:
“¿Por qué me pasa esto a mí?”
En astrología,
podemos estudiar el karma a través de los nodos lunares, que en
nuestro mapa astrológico nos indican nuestras energías del
pasado y la misión a cumplir en esta vida, el karma que debemos
trascender.
EL SECRETO
DE LA CREACIÓN
La ley
de generación señala que “todo tiene su principio femenino
y masculino, la generación se manifiesta en todos los planos”. Explica
“El Kybalión” que esto es verdad no solamente en el plano físico,
sino también en el mental y espiritual. Todo tiene dos polos, la
unión de lo femenino y lo masculino es el principio de la creación,
y en astrología esa unión se representa a través de
Venus y Marte.
El polo
masculino está representado en nuestra mente consciente que pone
la semilla del pensamiento, y el polo femenino es nuestra mente subconsciente,
que es la que recibe esa semilla y hace que germine y se manifieste, y
es así como nuestros deseos se materializan en hechos concretos.
Volvemos al punto de partida: todo es mente...
Pedro González
Silva
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