EL CAMINO
DE LAS ESTRELLAS
ASTROLOGÍA
Y ALQUIMIA
Por:
Claudio J. Boquet
El camino
de las estrellas puede ser el símbolo que represente entre otras
cosas, la peregrinación de la Astrología a la Alquimia, como
también el "puente" o "encadenamiento" de estos dos saberes o artes.
Trataremos
de despejar ese camino añadiendo algunas "señalizaciones"
más a las ya mostradas por astrólogos y alquimistas, desde
que el hombre es hombre.
Presumiblemente,
es de esperar una familiarización más general con la astrología
que con la Alquimia, como hace suponer el creciente acceso de las gentes
a este conocimiento; aunque aún hay que acabar con muchos conceptos
erróneos, prejuicios sociales y personales, concepciones confusas
y engañosas, desorientadas, abusos y despistes. Con la Alquimia
hay mucho más de esto último que de lo anterior.
Aún
con esa presumible familiarización, y porque resulta tan idóneo
como formal, podríamos comenzar con alguna definición que
nos aproximase a la astrología; tal y como la de Zodíaco.
Y, entre las muchas y variadas existentes, escogemos una de las etimológicas,
la de Etherbert Bullinger, quien en su libro " El Teatro de las Estrellas
" dice:
La
misma palabra Zodíaco, viene del griego " zodiakon", la que
no procede de "zoon" , vivir, sino de una primitiva raíz, a través
del hebreo "sodi", la que en sánscrito significa "camino". Su etimología
no tiene conexión con criaturas vivientes, sino que señala
un camino, una serie de pasos, y es usada para el camino o sendero que
parece seguir el Sol, en medio de las estrellas, en el curso de un año.
Y podemos
completar esta definición etimológica, con un comentario
de Dane Rudyar:
El
Zodíaco que se usa en nuestra astrología tiene poco que ver
sino nada, con las lejanas estrellas como entidades independientes. Se
trata más bien de una recolección de transformaciones, experimentadas
directamente por el hombre, a lo largo del año, n informe escrito
en lenguaje simbólico....
Así
pues, a la clásica definición etimológica, quizás
errónea, de Rueda de la Vida", tendríamos que añadirle
el término "camino": EL
CAMINO DE LA VIDA.
No hablaremos
aquí de las múltiples aplicaciones de la Astrología
sobre los distintos campos o aspectos de la vida, sino que intentaremos
apuntar más alto: hacia el significado y aplicación más
profundos y elevados de la astrología.
A través
de las muchas aplicaciones concretas, ó mejor, a través de
una aplicación integral de la Astrología, se
persigue el esclarecimiento de las conexiones
del hombre con el Universo; el
entendimiento de los ciclos naturales y de las armonías
universales; todo lo que posibilite la integración cósmica
del hombre como una parte de, o en todo. La astrología es
el camino hacia la armonía de uno consigo mismo y con
todo su entorno; el camino desde lo concreto o particular hacia lo universal.
La predicción
del destino individual puede ser tan solo una ridícula mascarada,
mientras la psicología del sujeto no haya sido revelada a si mismo,
para que pueda percibir con una lucidez total que ese destino no es más
que una consecuencia armoniosa de toda esa estructura cósmica que
se ha tejido a su alrededor de la que él solo es una ínfima
parte y asimismo, la fuente.
Y ya,
en este punto podemos introducir la Alquimia. Pero antes de tratar de definirla.
habría que señalar que, si bien la Alquimia es, entre otras
cosas, la madre de la moderna química; de quien se quede solo con
esta concepción cabe decir que anda bien lejos del verdadero sentido
de la Alquimia. Dado que la Alquimia como la Astrología es una saber
y un arte globalizador y sintético, la química puede quedar
incluida como uno de sus variados aspectos y esto es indudable en lo que
se refiere a la simbología de toda la obra alquímica. Pero
quien piense en el alquimista, trabajando en su laboratorio, rodeado de
matraces, probetas y atanores, que sea consciente de que está pensando
en un símbolo.
El
matraz alquímico es el propio cuerpo humano, el
microcosmos, la imagen simplificada del Cosmos;
y toda serie de fases del proceso
químico o del metalúrgico no son sino una alegoría
simbólica de la verdadera naturaleza de esas operaciones interiores.
Dicho
esto, podríamos definir, lisa y llanamente, la Alquimia, como el
"arte de las transformaciones del alma", tal y como hace Titus Burckhardt.
Pero es eso, una definición lisa y llana. Hay mucho
más,.
Todos
los alquimistas insisten en que no deben entenderse literalmente
sus alusiones; todas sus definiciones lo
son para que las entienden "
quien puede entender" , si bien las hay más inteligibles.
Jacob Boëhme parece bastante explícito al afirmar que " No
hay diferencia alguna entre el nacimiento eterno, la reintegración
y el descubrimiento de la piedra filosofal". Y ya que aludimos a Jacob
Boëhme, podemos ilustrar aún más su anterior alusión
con un fragmento de su Prefacio en " De Signatura Rerum ":
"
1. Las cosas útiles que ha de conocer el hombre son:
1º
Lo que es.
2º
De dónde le vienen el bien y el mal.
3º
Cómo se gobernará en este bien y el mal.
4º
Cómo podrá conocer CURA corporal y espiritual.
5º
De qué manera debe ponerse a ello para lograr esta salvación.
6º
Lo que es su creador.
7º
Cuáles son los misterios de las grandes maravillas divinas.
8º
Entonces se despertará en él el deseo del amor y de la gracias
de Dios.
9º
Cuyo deseo manifestará en él la imagen de Dios mediante la
voluntad del Espíritu".
Este fragmento, además
de aludir claramente, tanto al objetivo de la Alquimia, como a la vía
astrológica, también nos puede hacer pensar en un aparente
paralelismo entre Alquimia y Mística y, en cierto modo lo hay en
lo que ambas tienen de vía o de sendero hacia un conocimiento; la
Alquimia apunta hacia un dominio por parte del espíritu, pero sin
una orientación ética o teológica, sino que se dirige
más hacia la gnosis o el conocimiento que hacia el amor contemplativo.
Por otro lado “ mientras la Mística, en términos generales
y aproximados, afirma que el alma se alejó de Dios para entregarse
al mundo y tiene que volver a unirse con Él al descubrir en sí
misma su presencia inmediata y que todo lo ilumina; la Alquimia se funda
de que, con la pérdida de la gracia original, del estado “ adánico
“, el hombre se encuentra dividido interiormente y no recobra su integridad
hasta que se reconcilien entre sí las dos fuerzas cuya discordia
le ha debilitado. Por lo demás, la escisión interna
del hombre, que podríamos llamar orgánica, es consecuencia
de su alejamiento de Dios, del mismo modo que Adán y
Eva no se percataron de sus diferencias hasta que pecaron y fueron arrojados
al ciclo de procreación y muerte”.
Estamos, pues hablando de un
arte sagrado que, como tal, requiere de una iniciación que, a su
vez, requiere, para darse, unas determinadas condiciones.
El alquimista opera sobre
si mismo, sobre su experiencia vital y sobre su vida.
“ Debe ser sano, humilde,
paciente, casto, debe tener un espíritu libre y en armonía
con la obra; debe ser inteligente y sabio; debe, al mismo tiempo, obrar,
meditar, orar... ”
Y cuando las circunstancias
precisas para que sea la iniciación se den, ésta se dará.
Remontándonos a los
orígenes herméticos de la Alquimia occidental, observamos
que:
“ La doctrina hermética
parte del principio de que el Universo - el macrocosmos- y el hombre- el
microcosmos – se corresponden mutuamente; son un reflejo el uno del otro
y lo que hay en uno, debe hallarse, de algún modo en el otro.”
El hombre, considerado como
reflejo o compendio del Universo, es, además (y también según
consideración hermética), como el portador del espíritu
universal (nous) que brota de la esencia
( Ousia) de Dios. “ Uno en
el todo “ o el principio de la Unidad. La tabla Esmeraldina: “ El Telesma,
el Padre de todas las cosas está aquí “. Y esto no
es una hipótesis sino que alude a un estado concreto en el
que se ha suprimido la dualidad Yo/ no – yo.
La consecución de este
estado es consecución del principio de Inmanencia, la presencia
en el microcosmos del “ caos vivo “, que comprende todas las posibilidades.
“ He aquí que os declaro
lo que es desconocido: la Obra está con vosotros y en vosotros:
si la halláis en vosotros, donde está continuamente, la poseeréis
también siempre, allí donde vosotros estéis. “
El camino hacia la Obra o de
la Obra es interior esta vía viene expuesta en el termino V.I.T.R.I.O.L.
, las siglas del texto “ Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies
Occultum Lapidem “, “ Recorre las entrañas de la tierra (el cuerpo)
y, rectificando, encontraras la piedra oculta “, según explicación
de Basilio Valentino.
La dirección del camino
alquímico es, ahora, más clara: hacia dentro y hacia fuera.
Y la Astrología
nos puede conducir (aunque no necesariamente deba) hacia ese camino, hacia
el momento en el que determinadas condiciones cumplidas permiten el desarrollo
de la obra alquímica: la culminación de la obra astrológica
es uno de los variados comienzos del desarrollo de la obra alquímica.
Y es un comienzo entre otros varios, porque la alquimia puede ser,
sin precisar necesariamente de la Astrología, al menos, de la forma
que, por creencia general, sería la más obvia.
“ Nosotros no nos preocupamos
de la posición ni del movimiento de los Astros y este conocimiento
no nos serviría de nada en nuestro Arte... Así pues, si preparáis
como es debido vuestro artificio para la Naturaleza y cuidáis
muy bien de que esté bien dispuesto todo lo que debe hacerse en
el Magisterio, no cabe duda alguna de que recibirá su perfección
de la Naturaleza, en una posición que le sea conveniente, sin que
sea necesario que vosotros observéis esta posición...
La posición de los Astros es todos los días muy adecuada,
tanto para la producción como para la destrucción de las
cosas particulares en toda clase de especies. ”
Sin embargo la Astrología
puede catalizar el proceso alquímico, al permitir, sobre todo,
un control de las energías y potencialidades propias de cada
microcosmos y su canalización positiva. El verdadero valor de la
Astrología en la Alquimia atañe a la comprensión
de las esencias planetarias, de por sí, y a la de su papel en cada
microcosmos particular y poco tiene que ver con el cálculo
de acontecimientos.
La estrategia básica
en todo tema natal consiste en neutralizar las influencias astrales
negativas, apoyándose en las positivas; todo un proceso de transmutación
energética que utiliza los aspectos planetarios como canales por
los que fluya la energía, desde los puntos favorecidos, hacia los
puntos afligidos. Este proceso es aludido erróneamente por muchos
astrólogos, como una transmutación alquímica, si bien
la alusión no carece de un cierto fundamento; pero el termino de
astrodinámica seria más apropiado.
Y en esa estrategia, cuando
algún punto del tema natal no puede ser “socorrido” por aspectos
benéficos, se sugiere la aplicación del otro plan:
“Si por disciplina espiritual
o psicología correctiva, o ambas, el nativo permite que se exprese
una vibración constructiva de cada planeta, entonces, lo bueno de
cada uno estimula al otro, se hace transmutación y, con el
tiempo, el destino es transcendido.”
Y, efectivamente, una disciplina
espiritual es lo que, en ultima estancia, permite transcender el condicionamiento
astral.
Ya en el tratado Poumandres
(Canto XIII ) del Corpus Hermeticum, se habla de “ la nueva generación
que viene de arriba” como único camino para escapar al destino astral.
Y, también se habla ahí de “los doce ciegos verdugos
de la materia que someten al hombre interior, a las pasiones y a la prisión
de los sentidos “.
Estos doce verdugos son los
doce signos zodiacales, correspondientes a las 365 prohibiciones
de la ley mosaica, resumidas, junto a 248 mandamientos en el Decálogo
de Moisés. Esas 365 prohibiciones correspondían a la Astrología
Exotérica y los 248 mandamientos a la Astrología Esotérica.
El hombre tiene, pues, dos
Señores, el del Destino Astral y el del Destino Celeste.
Y bien sabido es que no se
puede servir al mismo tiempo a dos Señores.
Llevar a cabo la obra Alquímica
no es sino escapar al destino zodiacal, propósito tanto de la Alquimia
como de la Astrología Esotérica, ambas hijas de la Teurgia,
la Magia Sublime. Esta Magia, que nada tiene que ver con el concepto común
de este termino, no difiere de la doctrina cristiana. Y San Pablo mismo,
también describe el propósito de liberación:
“Pues sabemos que si la
tienda de nuestra mansión terrena se deshace, tenemos de Dios, una
sólida casa, no hecha por mano de hombre, eterna en los cielos.
Gemimos en esta nuestra tienda, anhelando sobrevestirnos de aquella nuestra
habitación celestial, supuesto que seamos hallados vestidos, no
desnudos. Pues realmente mientras moramos en esta tienda, gemimos oprimidos,
por cuanto no queremos ser desnudados, sino sobrevestidos, para que nuestra
mortalidad sea absorbida por la vida”.
Esta tienda es el revestimiento
Astral con el que venimos al mundo y en el que nos desenvolvemos. También
es aludida en el Corpus Hermeticum:
“Esta tienda que hemos atravesado,
hijo mío, esta formada por el circulo zodiacal que se compone de
signos en numero de doce... Es, pues, natural y conforme a la recta razón,
que desaparezcan (sus influencias), expulsadas por los diez poderes, o
sea, por la Década, porque la Década, hijo mío, es
generadora del alma (Canto del Poumandres)”.
Los doce apóstoles son
relativos a los doce signos zodiacales y si estos gobiernan la generación
humana, aquellos gobiernan la regeneración.
El hombre caído,
nace sometido al destino astrológico y solo su “nous”, adormecido
en el corazón, escapa a este destino. El “despertar” del “nous”
es le objetivo y el fin de la Astrología Esotérica; la peregrinación
(Casa IX, Sagitario) que nos lleva hacia la Puerta de los Dioses (Casa
X, Capricornio), tras atravesar el reino de la muerte (Casa VIII, Escorpio).
Escapar a las influencias astrales supone disolver la barrera planetaria
que nos delimita y llegar al centro de la vida. Este centro, correspondiente,
en el hombre, al corazón, queda perfectamente simbolizado en el
signo Leo, regencia del Sol y en la Casa V, la casa del Amor y la Creación.
Fundamentalmente, la Astrología
permite entender la vida humana como el campo de interacción dialéctica
de fuerzas polarizadas y, la vida, en sí, como un proceso dual,
dinámico, entre opuestos, en el que no debiera prevalecer una energía
sobre su opuesta complementaria.
Lao-Tsé recomienda “seguir
la senda de en medio”. Dane Rudyar aconseja aplicar el concepto de “más
o menos”, en lugar de “lo uno o lo otro”.
La dualidad es la que permite
que se produzca el fenómeno ondulatorio, oscilatorio.
La polaridad positivo negativo
es la dualidad alternancia onda. Y ya los antiguos sabían de las
propiedades y características ondulatorias de la naturaleza:
“Todo fluye y refluye.
" Todo tiene sus periodos
de avance y retroceso.
" Todo asciende y desciende.
" Todo se mueve como un péndulo:
la medida de su movimiento a la derecha es la misma que la de
su movimiento a la izquierda. El ritmo es la compensación.
Nada esta inmóvil.
Todo es doble.
Toda causa tiene su efecto
y todo efecto tiene su causa.
La Mente, el Todo, puede ser
transmutado de estado en estado, ciclo a ciclo, de grado en grado, etapa
a Etapa, de polo a polo, de paso a paso, de vibración en vibración...”
Los ciclos planetarios en
particular y los ciclos, en general son los limites que encadenan a las
almas, a modo de barreras o muros y que solo pueden ser salvadas por determinados
pasos o condiciones, o en conmociones espirituales de cierre y apertura
de ciclos; tal como la muerte de Cristo, rompiendo las barreras y liberando
las almas que a ellas estuviesen atadas.
“El alma ha de saber comportarse
ante dichas barreras y un medio de hacerlo es conocer el “plano” del Sistema
Planetario, como cuando se conocen los muros y las puertas de una ciudad...
...Las esferas planetarias y, en general, las órbitas estacionarias
de los planetas o del campo zodiacal impiden la salida de las almas, hasta
el momento en que estas se elevan a otro grado espiritual y pasan al nivel
siguiente...”
Las puertas o vías
en los ciclos suelen ser puntos de intersección de revoluciones
planetarias; pasos entre eones consecutivos, simbolizados por serpientes
o dragones; que además pueden estar guardados por espíritus,
ángeles o demonios; pero cuyo caso puede ser propiciado por la ayuda
de dioses psicopompos, conductores de muertos, como Mercurio, conductor
en el camino tanto astrológico como alquímico, mensajero
de los dioses... Y especial importancia es la del punto de intersección
de la Vía Láctea con la Eclíptica...
No pocos alquimistas llaman
a la Gran Obra, “El camino de Santiago”; nombre usado también para
designar la Vía Láctea, el camino de las estrellas.
Renombrados astrólogos
y alquimistas llevaron a cabo esa peregrinación hacia el Finisterre;
entre ellos, Ramón Llull y Nicolás Flamel. He aquí
un fragmento del relato de Nicolás Flamel, a propósito de
la realización de la Gran Obra, según un manuscrito encontrado
por el autor, incomprensible para el en algunos puntos, figuras, fragmentos
y símbolos:
“Ello fue la causa de que
durante veintiún largos años realizara mil chapuzas, aunque
sin utilizar sangre, lo que habría sido malo y vil. Porque en mi
libro había descubierto que aquello que los filósofos llaman
sangre no es sino el espíritu mineral que contienen los metales,
especialmente el Sol, la Luna y Mercurio, que yo trataba de alear. Pero
como en mi trabajo, nunca percibía las señales que, según
el libro, debían aparecer en un momento determinado, una y otra
vez tenia que volver a empezar. Finalmente, cuando ya había perdido
toda esperanza de llegar a entender aquellas figuras, hice una promesa
a Dios y a Santiago de Galicia y decidí consultar con un rabino
de alguna de las sinagogas de España....
(Santiago el Mayor era considerado
como el santo patrón de los alquimistas y de todas las artes y ciencias
cosmológicas)
De modo que, con la aprobación
de Perenelle, mi esposa, me puse en camino llevando la copia de aquellas
figuras, vestido de peregrino y con bordón...
...Con que así vestido,
emprendí el viaje y, pasando por Montjoye, llegué, al fin,
a Santiago de Compostela donde muy devotamente cumplí mi promesa.
Hecho esto, me dirigí
a León donde encontré a un comerciante de Boulogne que me
presento a un judío converso, un medico llamado Maese Canches, que
vivía en aquella ciudad y que era famoso por su saber. Cuando le
mostré las figuras copiadas del libro le embargaron el asombro y
la alegría y, al punto, me pregunto si sabia donde estaba el libro
del que habían sido extraídas. Yo le respondí, en
Latín la misma lengua de que se sirviera él para hacerme
la pregunta que esperaba recibir noticias verdaderas si alguien me descifraba
aquel misterio.
Y allí mismo, con gran
entusiasmo, empezó a explicarme el principio”.
El alquimista tuvo que andar
el camino y recorrido éste, fueron las condiciones ideales para
que apareciesen los labios que con sus palabras llenarían los oídos
del peregrino.
El recorrido por “LA Vía
Láctea” no es simplemente una adquisición de conocimiento
o experiencia con un propósito de enriquecimiento de la personalidad,
sino que puede suponer la consecución de un estado de ser, tal que
sea factible “el acceso al conocimiento”. Y la adquisición de ese
“conocimiento” no es para detentarlo sino para usarlo, a fin de poder atravesar
las barreras aprisionan al alma.
“He aquí el camino
que sigue el alma descendiendo del Cielo a la Tierra: la Vía Láctea
abarca de tal modo el Zodiaco, en ruta oblicua en los cielos, que lo intersecta
en dos puntos, Cáncer y Capricornio, que dan su nombre a los dos
trópicos. Los físicos llaman a estos dos signos, las puertas
del Sol, porque en una y otra, los puntos solstisciales limitan el curso
de este astro, que vuelve sus pasos sobre la Ecliptica y no los sobrepasara
jamás. Por esas puertas se dice que las almas descienden del Cielo
a la Tierra y remontan, de la Tierra al Cielo. Se denomina a una, puerta
de los Hombres, y a la otra, puerta de los Dioses. Es precisamente Cáncer
por la que penetran las almas que siguen el camino hacia la Tierra
y es por C Capricornio, la Puerta de los Dioses, por la que remontan las
almas hacia el lugar que les es propio de la inmortalidad y que las
lleva a colocarse entre el numero de los dioses.
Homero ha querido figurar
esta idea en la trascripción del antro de Itaca. Es por ello,
por lo que Pitágoras piensa que La Vía Láctea
desciende hacia el imperio de Plutón, porque las almas, cayendo
hacia allá, parecen destrozadas de una parte de sus celestiales
atributos...”
( Y es curioso, a propósito
de esa alusión de Pitágoras al camino hacia el reino
de Plutón, el comprobar que existen hipótesis
sólidamente cimentadas, de que la peregrinación a San Andrés
de Teixido, en la costa norte de Galicia, que aún hoy muestra un
inequívoco carácter mortuorio, tiene una antigüedad
de unos tres mil años y un probable origen griego, como peregrinación
a un santuario de Hades, el que, con el tiempo, se convertiría en
San Andrés).
La peregrinación no
es solo el símbolo del camino terrenal y celeste. La misma experiencia
es, de por sí, transformadora, pudiendo constituir el rito iniciativo
por excelencia, pues “viviendo” el camino, puede “aprenderse” la secuencia
vida-muerte-renacimiento; un “ensayo general” de la Gran Obra.
“La importancia de un rito,
Peregrinación, etc.,
está en que, por el largo periodo en que actúa, influye en
nuestros planos espirituales y no podemos demostrar su efecto de antemano.
Si el peregrino (Nicolás Flamel) recorre el Camino de Santiago,
al terminar ha adquirido una experiencia intransmisible a quien no la halla
tenido también: lo mismo que quien transita la Casa XI astrológica
en su C-60, solamente es comprendido por quien ya la transito... Esto particularmente
importante en los grandes ciclos (espirituales) ya que la experiencia no
puede generalmente repetirse y nos vemos obligados a tener fe en el rito
o en la enseñanza que nos dan si queremos adquirir dicha experiencia.
....La
experiencia de Nicolás Flamel, real o no, y de los alquimistas,
sobre la transformación interna del espíritu como consecuencia
de la Gran obra, ilustra lo que venimos diciendo.
El peregrino se traslada a
lo largo de un camino, por una sucesión de gobiernos o influjos
geográficos, cada uno de los cuales produce en él la pertinente
transformación: al final de él, ha experimentado un ciclo
de transformaciones equivalentes al que sufre un ciclo vital al transitar
por las casas (C- 60 u otro ciclo), por lo que posee ya la vivencia de
este y su experiencia. Es como si pudiéramos hacer sentir realmente
al individuo de veinte años lo que va a sentir a los cincuenta años
de su vida, y esto es importante, puesto que como decíamos en un
principio, solo cuando se sufre la experiencia, puede comprobarse realmente
el significado de una situación prevista; y, como decíamos
en un principio, solamente de la experiencia total conseguimos una
ampliación de nuestro Universo.
Pero el sujeto ha de tener
fe para emprender la peregrinación, por ser algo que no le atrae,
al carecer de experiencia sobre la misma; igualmente ha de confiar en los
ritos y costumbres o experiencias de quienes lo han precedido. Hay sin
duda, muchos caminos de peregrinación aptos para transformar al
peregrino, de los que el de Santiago es un conocido ejemplo; todo santuario
esta gobernado por Piscis y, signo de la religión y de cambio de
plano, material a espiritual, por ser el fin del periodo o de la vida.
La Astrología clásica indica que Galicia esta gobernada por
Piscis y, de ahí, la importancia de Santiago: ello nos indica que
lo que se pide al peregrino es repetir en corto tiempo el ciclo de evolución
humana que realmente empieza en Aries y termina en Piscis.
Finalmente, en el giro en
torno a un punto singular, (árbol, santuario, montaña...)
o en el peregrinaje a determinado lugar, no se trata solamente de un ciclo,
sino de un periodo de tiempo, lo que interviene para producir la transformación
deseada. Dicho tiempo venia indudablemente computado por la velocidad natural
del hombre a pie, en siglos pasados; ello produce en el peregrino una “maduración
“, en términos “alquímicos”, pues una reacción
biológico-espiritual tarda cierto tiempo y este es importante.
El peregrino ha de sufrir una determinada evolución en su cuerpo
y en su espíritu para lograr una transformación armónica
y de nada serviría recorrer el camino a la velocidad de un avión
o un automóvil. Es decir, al igual que veíamos en los ensalmos,
es importante el idioma original, para el computo del tiempo o periodo
aplicado.”
La peregrinación tiene,
pues un claro propósito de transmutación y regeneración,
de muerte y renacimiento. Se trata de “soñar la realidad” desde
“la realidad del sueño.”
Tiene así mismo, una
dirección clara, hacia un centro, el propio centro. Y también
hay un método definido. Se trata de ir andando porque ese es el
movimiento propio de los humanos. Y andamos para recuperar el “ritmo perdido”,
al “sintonizarnos” con los ritmos naturales, de la Tierra, del Sol y la
Luna o del Día y la Noche, de las estaciones...
En el rito de la peregrinación
tenemos el campo de experimentación, tanto para el recorrido cíclico
por el circulo zodiacal, como el “laboratorio de ensayo” de la obra alquímica
los doce trabajos de Hércules pueden ser “aprehendidos” en el camino.
Y la ruta jacobea puede concebirse como la imagen terrestre del peregrinaje
del alma: la obra alquímica puede desarrollarse cuando culmina la
obra astrológica.
La leyenda de la Vía
Láctea y la leyenda de Santiago aluden a perros y lobos, los guardianes
de los puntos nodales críticos: a Santiago lo acompaña, en
su peregrinación, un perro cuyo aullido, en Galicia, suele ser considerado
como presagio de muerte; y, al llegar a Galicia el cuerpo del apóstol,
sus discípulos son recibidos por la Reina Lupa. A Santiago se le
atribuyen tres constelaciones: El Lobo, el Can Mayor y el Can Menor...Y
Cuchulainn, el Hércules céltico, tiene nombre de perro: El
perro de Culann , al que venció en un punto nodal critico, a los
siete años.
Un lobo persigue al Sol y otro
a la Luna (en la mitología escandinava); un perro de tres cabezas
guarda la puerta del reino de Hades, el reino de los muertos (en
la mitología helénica). “El Lobo y el Perro se pelean en
una morada y de ellos no quedara mas que uno”. (Lambsprinck)
El signo de Piscis, el Galicia,
también fue simbolizado por un dragón con cabeza de perro
“mordiendo” el grado cero de Aries. Y, con Piscis comienza “El tratado
de la Piedra Filosofal”. La ciudad de Santiago de Compostela y Galicia
están regidas por el signo de la disolución cósmica,
al final del ciclo. Al final del camino, de vuelta a la casa del Padre.
El pasado se esfumo y el futuro
ya no existe. Solo hay este continuo presente.
Panoramix
Editado por Urania 1985
Valencia -España