Mercurio,
Venus y Marte en las
culturas yoruba, hindú y hebrea
Pedro
González Silva
pgsilva@cantv.net
Mercurio,
Venus y Marte
en las
culturas yoruba, hindú y hebrea
Es sorprendente
cómo culturas tan disímiles dan cuenta de deidades que contienen
los mismos arquetipos; la comunicación, el amor, la guerra, son
manifestaciones que los hombres han plasmado en sus mitos, que a su vez
se asocian a las energías que los planetas manifiestan desde lo
alto
Pedro
González Silva
pgsilva@cantv.net
Los arquetipos
o energías esenciales contenidas en el simbolismo de los planetas
se expresa con distintos nombres y se relaciona con distintas deidades
en las diversas culturas.
Mercurio
(mitología romana) o Hermes (griega) es el mensajero de los dioses,
el comunicador, el dios de los caminos, el que conecta a los hombres con
dios. Esta es una energía que expresa muy bien la dualidad del universo,
el bien y el mal están contenidos en ella, es el que abre caminos
pero también el embaucador, es el niño travieso o el viejo
sabio.
Venus
(mitología romana) o Afrodita (griega) es la diosa del amor, la
que seduce con sus encantos, representa la sensualidad femenina, la coquetería,
la dulzura, y también se asocia con la sensación de abundancia
y prosperidad.
Marte
(mitología romana) o Ares (griega), es el dios de la guerra, el
que representa la masculinidad, el arrojo, el coraje, el instinto, la energía
sexual, la acción incontenible, todo lo relacionado con la fuerza
física.
Lo cotidiano
se plasma
En la
religión yoruba
En la
mitología yoruba, Mercurio puede relacionarse con Eleguá,
el orisha (santo) encargado de abrir y cerrar las puertas, los caminos,
es el guardián del universo; esta mitología señala
que antes que pedir cualquier cosa a otro orisha, hay que hacerle la petición
a Eleguá para que dé la entrada, para que abra el camino,
de manera que todo ritual yoruba comienza primero con un tributo a esta
deidad, conocida también como Eshú.
La mitología
o religión yoruba combina lo devocional con lo práctico y
cotidiano, por eso los creyentes realizan rituales para hacer sus peticiones
concretas: un empleo, un problema a resolver, un negocio, una situación
amorosa, y a los orishas se les rinde tributo ofreciéndoles ofrendas
muy mundanas: frutas, animales, aguardiente, etc.
En la
religión yoruba, cada persona tiene su ángel de la guarda
u orisha, y haciendo la analogía con los arquetipos planetarios,
vemos cómo coincide la tipología de la persona que es “hijo”
de un determinado orisha, con el signo zodiacal que rige el planeta asociado
a ese orisha. Por ejemplo, los hijos de Eleguá, tienen sin duda
una marcada tipología geminiana.
En la
mitología yoruba, la energía de Venus está contenida
en Oshun, la orisha que rige los ríos, la coqueta y sensual a la
que los humanos le piden resuelva sus asuntos amorosos, realizando rituales
en los que nunca falta la miel y una auyama. También las peticiones
que tienen que ver con dinero son atendidos por esta seductora deidad.
Marte
puede relacionarse con uno de los orishas más populares en Venezuela,
como es Changó (a quien lo sincretizan con Santa Bárbara)
y a él se le hacen ofrendas para salir victoriosos en cualquier
meta, para vencer a los rivales, y también para incrementar la energía
sexual y la capacidad de “conquistar” al sexo opuesto
La espiritualidad
de los
hindúes
En la
cultura hinduista, la energía planetaria se relaciona más
a búsquedas internas, pues tienen una concepción más
contemplativa, en donde el crecimiento interno y la supresión de
deseos mundanos es una meta a seguir para llegar a la unión con
Dios, y por eso, la Yoga (Unión) es justamente la base práctica
de su actividad devocional.
La energía
de Mercurio podría relacionarse con Sarasvati, la diosa del conocimiento,
justamente una de las funciones mercuriales. En algunos textos de astrología
hindú se asocia también al Buda, que significa iluminado,
es decir, en el grado más alto de la percepción mental y
que nos habla de esa función de ser “mensajero de los dioses”.
Venus,
por su parte, bien podría relacionarse con Lakshmi, la diosa de
la belleza y la abundancia, y quien además es esposa de Krsna. Y
justamente a éste último puede relacionarse con Marte (en
la mitología romana Marte y Venus son amantes).
Krsna
concuerda con los valores de Marte, el guerrero, y así lo podemos
percibir al leer el Bhagavad-Gita, donde Krsna incita a Arjuna al combate,
a la guerra, a luchar por lo que cree justo.
Resulta
interesante narrar una historia que nos cuenta Deepak Chopra en uno de
sus libros, en relación con Lakshmi, la diosa de la belleza y la
abundancia, y Sarasvati, la diosa del conocimiento, porque es muy ilustrativo
de la forma como asume esta filosofía, las energías arquetipales.
“Hay
dos diosas que habitan el corazón de cada ser humano, y todos amamos
profundamente a esos seres supremos, pero existe un secreto que tienes
que saber. Aunque amas a ambas diosas, debes prestar más atención
a una de ellas. Es la diosa del conocimiento, y se llama Sarasvati. Persíguela,
ámala y préstale atención. La otra, Lakshmi, es la
diosa de la abundancia. Al ver que le prestas más atención
a Sarasvati, Lakshmi se pondrá muy celosa y se fijará más
en ti. Cuando más persigas a la diosa del conocimiento, la de la
abundancia te perseguirá más a ti, te seguirá donde
quiera que vayas y nunca te abandonará”.
Meditación
hebrea
a través
del Tarot
La cultura
hebrea nos trae el sistema de la Qabalah, que también se conecta
con estas energías arquetipales y ha desarrollado un método
para realizar un trabajo práctico de meditación, para alcanzar
la nivelación o equilibrio entre las distintas energías,
y lograr la evolución espiritual, sin dejar de lado la aplicación
práctica en la vida cotidiana.
La Qabalah
se expresa a través del llamado Arbol de la Vida, en donde está
representada la creación en su totalidad, y también a través
de las cartas del Tarot, que son imágenes que representan letras
sagradas hebreas. Debido a las persecuciones religiosas, esas letras fueron
llevadas al lenguaje simbólico del Tarot, cuya carga energética
está contenida en los distintos arcanos.
No se
trata del Tarot como comúnmente lo conocemos para “echar las cartas”,
se trata de meditar con cada arcano, observarlo por un determinado tiempo,
para lograr un efecto en nuestra psique que nos hace evolucionar. Cada
uno de ellos se asocia a un planeta.
Así
tenemos que Mercurio es el arcano I, El Mago, en donde vemos una figura
con una mano hacia el cielo y otra hacia la tierra, dando justamente la
visión del mensajero de los dioses, que conecta la energía
mundana con la divina. Al meditar con este arcano, se logra desarrollar
el poder de la atención, de la consciencia humana, es el poder que
hace posible la percepción, y poder ver las cosas como realmente
son.
Venus
se asocia al arcano III, La Emperatriz, y meditando con esta carta desarrollamos
otra de las características venusianas: la creatividad, la imaginación
creadora, no la fantasía, sino la imaginación que nos permite
visualizar algo que queremos, y lograr que se haga realidad.
Marte
se relaciona con el arcano XVI, La Torre, que nos mueve a actuar con valor
y decisión para producir los cambios que necesitamos. En La Torre
vemos como una figura humana es expulsada de una torre por un rayo: es
decir, o actúas o las circunstancia te empujarán a actuar.