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ASTROLOGÍA ESPIRITUAL / ASTROLOGÍA O EL DISEÑO INTERIOR DEVELADO 

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Mercurio, Venus y Marte en las culturas yoruba, hindú y hebrea

Es sorprendente cómo culturas tan disímiles dan cuenta de deidades que contienen los mismos arquetipos; la comunicación, el amor, la guerra, son manifestaciones que los hombres han plasmado en sus mitos, que a su vez se asocian a las energías que los planetas manifiestan desde lo alto

Los arquetipos o energías esenciales contenidas en el simbolismo de los planetas se expresa con distintos nombres y se relaciona con distintas deidades en las diversas culturas.

Mercurio (mitología romana) o Hermes (griega) es el mensajero de los dioses, el comunicador, el dios de los caminos, el que conecta a los hombres con dios. Esta es una energía que expresa muy bien la dualidad del universo, el bien y el mal están contenidos en ella, es el que abre caminos pero también el embaucador, es el niño travieso o el viejo sabio.

Venus (mitología romana) o Afrodita (griega) es la diosa del amor, la que seduce con sus encantos, representa la sensualidad femenina, la coquetería, la dulzura, y también se asocia con la sensación de abundancia y prosperidad.  Leer más


La Caída del Espíritu

En estos tiempos todos nos estamos dando cuenta de que la sociedad y el mundo en general está sufriendo una “mutación” de cierta magnitud, vemos como se impone la cultura materialista, que no sólo se desarrolla en su contexto más natural, el económico, sino también, en lo social, profesional, familiar, personal, etc...,  ésta cultura materialista fundamentada en la falsedad, la conveniencia, el interés, la ocultación, la mentira, y el todo vale con el fin de conseguir los objetivos manifiesta una falta de espiritualidad, propio de la debilidad astral de Neptuno, planeta representante de la espiritualidad, ciertamente los medios de comunicación y en particular la Televisión, ente regido precisamente por Neptuno ejerce la función de amplificadora de los valores antiespirituales, mientras que los políticos ya sabemos que ejercen la función de canalizadores de éstas tendencias antiespirituales, entendemos que el desarrollo materialista es bueno siempre que no sea excesivo y ahogue la espiritualidad de la sociedad y las personas, pero en este ciclo correspondiente al paso de Neptuno por el signo de Acuario las cosas no son así. 

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ASTROLOGÍA O EL DISEÑO INTERIOR DEVELADO 

Todos han oído hablar de la astrología y casi todos saben cual es su “horóscopo”. Algunos están familiarizados con ciertas características muy generales de su signo solar, pero muy pocos conocen la verdadera dimensión de la astrología y su incalculable valor humano. La culpa de esto no la tienen  los horóscopos de revista, ni los muchos astrólogos con sus enfoques diversos, sino el nivel de conciencia en el que generalmente nadamos. La verdadera astrología tiene mucho que mostrar sobre la rara belleza de nuestra cara oculta, y mucho que develar sobre los misteriosos designios del proyecto vital con el que todos venimos a este mundo.

 
Es evidente que lo que más atrae de esta ciencia, es la parte de adivinación futurista. Esto es normal teniendo en cuenta que a nivel popular la mayoría busca en las llamadas ciencias ocultas, el medio de saber cuando les vá a cambiar la vida o determinadas circunstancias de ella. Las personas que tienen esta motivación, raramente se dan cuenta que si no profundizan en  su inconsciente, lo único que cambiará será la apariencia de las circunstancias, aunque la dinámica profunda sea la misma o muy similar. Muchos estamos familiarizados con el término “inconsciente”, y sabemos que todo el material psíquico que nos pertenece y sin embargo desconocemos, forma parte de él. Pero ese rico y complejo mundo inconsciente es mucho más accesible de lo que muchos psicólogos admitirían. Un buen comienzo para tirar del “hilo de Ariadna”, y penetrar en el laberinto formado por el mundo inconsciente, es sencillamente el “darnos cuenta” de los muchos pensamientos y deseos que emitimos de forma automática, y que habitualmente funcionan como un caballo desbocado que desconoce el camino y su meta. Esta atención puede parecer árida al principio, pero poco a poco nos ayuda a comprender la conexión entre lo que pensamos y deseamos y los estados de ánimo y circunstancias que provocamos y atraemos sin darnos cuenta. El desarrollo de este estado de atención también nos permite acceder de forma progresiva al recuerdo de los sueños, que no son sino mensajes del propio inconsciente, normalmente compuestos de contenidos pertenecientes al simbolismo universal, mezclados con asociaciones simbólicas personales. Todo esto nos lleva a comprender el complejo diseño interno, plagado de estímulos-respuesta, o lo que esotéricamente conocemos como causas-efectos. Absolutamente todos los componentes habituales de la vida humana, forman parte de este diseño. Circunstancias familiares más o menos complicadas, dificultades personales a nivel psíquico o físico, etc...  Todo ello responde a una lógica con la que progresivamente nos vamos familiarizando en la medida que nos vamos conociendo. De esta forma,  poco a poco vamos comprendiendo las claves de nuestra vida y cogiendo las riendas de nuestro destino, pues al  ser conscientes de todas las consecuencias lógicas de nuestros pensamientos y actitudes, desarrollamos el don de la libertad de elección. Andar este camino no es fácil, pues el mundo de los deseos está muy afirmado en todos nosotros, pero una vez que empezamos a experimentar el enorme valor de los resultados ya no podemos dejarnos dormir de nuevo en el pesado sueño de la inconsciencia. Tal y como dice el Tao; el hombre que aprende a contar, ya nunca  podrá evitar seguir contando. 


 Estoy seguro que esta apasionante labor, podemos llevarla a cabo a base de inquietud, interés y voluntad de crecer y evolucionar. Y aquí surge la astrología como una herramienta preciosa que nos permite abrir una ventana, a través de la cual podemos analizar los entramados y conexiones del laberinto interior. Esta ventana es una lente que nos traduce e interpreta las motivaciones de nuestra conciencia en crecimiento; El porqué de unos padres con determinadas características, el porqué de ciertos anhelos o rechazos, el sentido de persistentes inclinaciones y tendencias, etc... Cada elemento de los que componen la simbología astrológica, representa una parte determinada de nuestra psique, su lógica, su funcionamiento  y todas sus posibilidades. Mencionemos algunos ejemplos:
 El Sol representa el trabajo esencial que cada alma o psique individual se ha propuesto desarrollar a lo largo de su vida, es lo que simbólicamente está reflejado en muchos cuentos y leyendas como el mítico viaje del héroe. La necesidad de autorrealización  representada por este símbolo es tan importante, que si no la alcanzamos o nos desviamos de ella, el sentimiento de vacío que podemos llegar a experimentar puede llegar a ser insoportable. De hecho, estos sentimientos de vacío son mensajes de nuestro inconsciente que nos empujan a buscar lo que realmente necesitamos. También merece la pena señalar que las claves de crecimiento y las dificultades que experimentamos, representadas por el símbolo solar, están estrechamente vinculadas a las vivencias tempranas con la figura paterna.


 La Luna es otro símbolo muy importante, esta refleja nuestra herencia psíquica o lo que es lo mismo; toda la gama de actitudes y respuestas automáticas con las que respondemos a los estímulos cotidianos de la vida. Lo que somos desde pequeñitos, lo que expresamos sin darnos cuenta, lo que somos en la intimidad familiar y hogareña, todo lo que necesitamos para sentirnos seguros y emocionalmente nutridos, todo aquello que somos sin hacer ningún esfuerzo. No es de extrañar por lo tanto, que para los que tienen en cuenta el proceso evolutivo llevado a cabo por el alma a través de sucesivas encarnaciones, la Luna represente las cualidades que la psique individual trae heredadas como síntesis del desarrollo alcanzado en vidas anteriores. Además, para que nos hagamos una idea del maravilloso diseño interior, toda esta herencia del pasado, está estrechamente vinculada con la herencia psíquica recibida de la familia en la que hemos nacido. Teniendo en cuenta todo esto podemos deducir, que esa parte de nuestro mundo psíquico que es resultado de las influencias parentales y circunstancias familiares, en realidad ya lo traíamos y la familia que nos ha tocado, viene a ser  un encuentro que se ha dado por afinidades psicológicas. También y paralelamente a lo que ocurre con el Sol, todo lo relacionado con la Luna está estrechamente vinculado con la figura materna.


Simbólicamente hablando, entre los principios internos solar y lunar, existe una especie de rivalidad que representa un proceso; la transición del pasado conocido y por lo tanto cómodo (Luna), hacia un futuro incierto y lleno de desafíos (Sol), pero también plagado de nuevas posibilidades.
Y así, cada símbolo de los que componen el lenguaje astrológico, tiene algo que develar sobre lo que somos a nivel interno y externo, pues nuestra realidad externa sólo es una proyección creada como resultado de nuestra realidad interna. Alguien ya dijo que somos lo que pensamos.


Llegados hasta aquí, es lógico preguntarse hasta qué punto estamos condicionados por las influencias planetarias, sobre todo teniendo en cuenta que los movimientos reales astronómicos, observados y conocidos  en el lenguaje astrológico como tránsitos, están fielmente vinculados con determinados estados anímicos y cambios que vamos experimentando a lo largo de la vida. Ante esto, mi deducción personal es que nacemos con un complejo proyecto de evolución ya diseñado, que afortunadamente podemos ver  representado de forma gráfica en una carta astral levantada para el momento preciso en el que empezamos a respirar de forma autónoma, en el momento del nacimiento. Como si un diseño macrocósmico, por una mágica y misteriosa razón, reflejara paralela y fielmente el diseño microcósmico que es el individuo que está encarnando en ese preciso momento. A partir de ahí, y siempre de forma simbólica, los movimientos astrológicos seguirán reflejando fielmente cuándo el individuo está preparado para experimentar vivencias y cambios que le irán ayudando a ser lo que tiene en proyecto llegar a ser. En el momento de nacer somos como una semilla, con un complejo programa psíquico-biológico que nos llevará a convertirnos en individuos formados y maduros, como la semilla tiene su programa de convertirse en un determinado árbol maduro y capaz de generar sus propios frutos. Siguiendo con este paralelismo simbólico, la astrología solamente nos anuncia cuándo estamos listos para experimentar determinadas vivencias y cambios, como las estaciones y la meteorología anuncian a la planta cuándo es el momento del florecimiento o la caída de la hoja. Procesos necesarios para que  llegue a ser  el árbol maduro en el que está proyectado llegar a convertirse.

 

Jesús Rosauro Hernández
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