Es sorprendente
cómo culturas tan disímiles dan cuenta de deidades que contienen
los mismos arquetipos; la comunicación, el amor, la guerra, son
manifestaciones que los hombres han plasmado en sus mitos, que a su vez
se asocian a las energías que los planetas manifiestan desde lo
alto
Los arquetipos
o energías esenciales contenidas en el simbolismo de los planetas
se expresa con distintos nombres y se relaciona con distintas deidades
en las diversas culturas.
Mercurio
(mitología romana) o Hermes (griega) es el mensajero de los dioses,
el comunicador, el dios de los caminos, el que conecta a los hombres con
dios. Esta es una energía que expresa muy bien la dualidad del universo,
el bien y el mal están contenidos en ella, es el que abre caminos
pero también el embaucador, es el niño travieso o el viejo
sabio.
Venus
(mitología romana) o Afrodita (griega) es la diosa del amor, la
que seduce con sus encantos, representa la sensualidad femenina, la coquetería,
la dulzura, y también se asocia con la sensación de abundancia
y prosperidad.
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En estos tiempos todos
nos estamos dando cuenta de que la sociedad y el mundo en general está
sufriendo una “mutación” de cierta magnitud, vemos como se impone la
cultura materialista, que no sólo se desarrolla en su contexto más
natural, el económico, sino también, en lo social, profesional, familiar,
personal, etc...,ésta cultura materialista fundamentada en la falsedad, la
conveniencia, el interés, la ocultación, la mentira, y el todo vale con
el fin de conseguir los objetivos manifiesta una falta de espiritualidad,
propio de la debilidad astral de Neptuno, planeta representante de la
espiritualidad, ciertamente los medios de comunicación y en particular la
Televisión, ente regido precisamente por Neptuno ejerce la función de
amplificadora de los valores antiespirituales, mientras que los políticos
ya sabemos que ejercen la función de canalizadores de éstas tendencias
antiespirituales, entendemos que el desarrollo materialista es bueno
siempre que no sea excesivo y ahogue la espiritualidad de la sociedad y las
personas, pero en este ciclo correspondiente al paso de Neptuno por el
signo de Acuario las cosas no son así.
Todos han oído hablar
de la astrología y casi todos saben cual es su “horóscopo”.
Algunos están familiarizados con ciertas características
muy generales de su signo solar, pero muy pocos conocen la verdadera dimensión
de la astrología y su incalculable valor humano. La culpa de esto
no la tienen los horóscopos de revista, ni los muchos astrólogos
con sus enfoques diversos, sino el nivel de conciencia en el que generalmente
nadamos. La verdadera astrología tiene mucho que mostrar sobre la
rara belleza de nuestra cara oculta, y mucho que develar sobre los misteriosos
designios del proyecto vital con el que todos venimos a este mundo.
Es evidente que lo que más
atrae de esta ciencia, es la parte de adivinación futurista. Esto
es normal teniendo en cuenta que a nivel popular la mayoría busca
en las llamadas ciencias ocultas, el medio de saber cuando les vá
a cambiar la vida o determinadas circunstancias de ella. Las personas que
tienen esta motivación, raramente se dan cuenta que si no profundizan
en su inconsciente, lo único que cambiará será
la apariencia de las circunstancias, aunque la dinámica profunda
sea la misma o muy similar. Muchos estamos familiarizados con el término
“inconsciente”, y sabemos que todo el material psíquico que nos
pertenece y sin embargo desconocemos, forma parte de él. Pero ese
rico y complejo mundo inconsciente es mucho más accesible de lo
que muchos psicólogos admitirían. Un buen comienzo para tirar
del “hilo de Ariadna”, y penetrar en el laberinto formado por el mundo
inconsciente, es sencillamente el “darnos cuenta” de los muchos pensamientos
y deseos que emitimos de forma automática, y que habitualmente funcionan
como un caballo desbocado que desconoce el camino y su meta. Esta atención
puede parecer árida al principio, pero poco a poco nos ayuda a comprender
la conexión entre lo que pensamos y deseamos y los estados de ánimo
y circunstancias que provocamos y atraemos sin darnos cuenta. El desarrollo
de este estado de atención también nos permite acceder de
forma progresiva al recuerdo de los sueños, que no son sino mensajes
del propio inconsciente, normalmente compuestos de contenidos pertenecientes
al simbolismo universal, mezclados con asociaciones simbólicas personales.
Todo esto nos lleva a comprender el complejo diseño interno, plagado
de estímulos-respuesta, o lo que esotéricamente conocemos
como causas-efectos. Absolutamente todos los componentes habituales de
la vida humana, forman parte de este diseño. Circunstancias familiares
más o menos complicadas, dificultades personales a nivel psíquico
o físico, etc... Todo ello responde a una lógica con
la que progresivamente nos vamos familiarizando en la medida que nos vamos
conociendo. De esta forma, poco a poco vamos comprendiendo las claves
de nuestra vida y cogiendo las riendas de nuestro destino, pues al
ser conscientes de todas las consecuencias lógicas de nuestros pensamientos
y actitudes, desarrollamos el don de la libertad de elección. Andar
este camino no es fácil, pues el mundo de los deseos está
muy afirmado en todos nosotros, pero una vez que empezamos a experimentar
el enorme valor de los resultados ya no podemos dejarnos dormir de nuevo
en el pesado sueño de la inconsciencia. Tal y como dice el Tao;
el hombre que aprende a contar, ya nunca podrá evitar seguir
contando.
Estoy seguro que esta
apasionante labor, podemos llevarla a cabo a base de inquietud, interés
y voluntad de crecer y evolucionar. Y aquí surge la astrología
como una herramienta preciosa que nos permite abrir una ventana, a través
de la cual podemos analizar los entramados y conexiones del laberinto interior.
Esta ventana es una lente que nos traduce e interpreta las motivaciones
de nuestra conciencia en crecimiento; El porqué de unos padres con
determinadas características, el porqué de ciertos anhelos
o rechazos, el sentido de persistentes inclinaciones y tendencias, etc...
Cada elemento de los que componen la simbología astrológica,
representa una parte determinada de nuestra psique, su lógica, su
funcionamiento y todas sus posibilidades. Mencionemos algunos ejemplos:
El Sol representa el
trabajo esencial que cada alma o psique individual se ha propuesto desarrollar
a lo largo de su vida, es lo que simbólicamente está reflejado
en muchos cuentos y leyendas como el mítico viaje del héroe.
La necesidad de autorrealización representada por este símbolo
es tan importante, que si no la alcanzamos o nos desviamos de ella, el
sentimiento de vacío que podemos llegar a experimentar puede llegar
a ser insoportable. De hecho, estos sentimientos de vacío son mensajes
de nuestro inconsciente que nos empujan a buscar lo que realmente necesitamos.
También merece la pena señalar que las claves de crecimiento
y las dificultades que experimentamos, representadas por el símbolo
solar, están estrechamente vinculadas a las vivencias tempranas
con la figura paterna.
La Luna es otro símbolo
muy importante, esta refleja nuestra herencia psíquica o lo que
es lo mismo; toda la gama de actitudes y respuestas automáticas
con las que respondemos a los estímulos cotidianos de la vida. Lo
que somos desde pequeñitos, lo que expresamos sin darnos cuenta,
lo que somos en la intimidad familiar y hogareña, todo lo que necesitamos
para sentirnos seguros y emocionalmente nutridos, todo aquello que somos
sin hacer ningún esfuerzo. No es de extrañar por lo tanto,
que para los que tienen en cuenta el proceso evolutivo llevado a cabo por
el alma a través de sucesivas encarnaciones, la Luna represente
las cualidades que la psique individual trae heredadas como síntesis
del desarrollo alcanzado en vidas anteriores. Además, para que nos
hagamos una idea del maravilloso diseño interior, toda esta herencia
del pasado, está estrechamente vinculada con la herencia psíquica
recibida de la familia en la que hemos nacido. Teniendo en cuenta todo
esto podemos deducir, que esa parte de nuestro mundo psíquico que
es resultado de las influencias parentales y circunstancias familiares,
en realidad ya lo traíamos y la familia que nos ha tocado, viene
a
ser un encuentro que se ha dado por afinidades psicológicas.
También y paralelamente a lo que ocurre con el Sol, todo lo relacionado
con la Luna está estrechamente vinculado con la figura materna.
Simbólicamente hablando,
entre los principios internos solar y lunar, existe una especie de rivalidad
que representa un proceso; la transición del pasado conocido y por
lo tanto cómodo (Luna), hacia un futuro incierto y lleno de desafíos
(Sol), pero también plagado de nuevas posibilidades.
Y así, cada símbolo
de los que componen el lenguaje astrológico, tiene algo que develar
sobre lo que somos a nivel interno y externo, pues nuestra realidad externa
sólo es una proyección creada como resultado de nuestra realidad
interna. Alguien ya dijo que somos lo que pensamos.
Llegados hasta aquí,
es lógico preguntarse hasta qué punto estamos condicionados
por las influencias planetarias, sobre todo teniendo en cuenta que los
movimientos reales astronómicos, observados y conocidos en
el lenguaje astrológico como tránsitos, están fielmente
vinculados con determinados estados anímicos y cambios que vamos
experimentando a lo largo de la vida. Ante esto, mi deducción personal
es que nacemos con un complejo proyecto de evolución ya diseñado,
que afortunadamente podemos ver representado de forma gráfica
en una carta astral levantada para el momento preciso en el que empezamos
a respirar de forma autónoma, en el momento del nacimiento. Como
si un diseño macrocósmico, por una mágica y misteriosa
razón, reflejara paralela y fielmente el diseño microcósmico
que es el individuo que está encarnando en ese preciso momento.
A partir de ahí, y siempre de forma simbólica, los movimientos
astrológicos seguirán reflejando fielmente cuándo
el individuo está preparado para experimentar vivencias y cambios
que le irán ayudando a ser lo que tiene en proyecto llegar a ser.
En el momento de nacer somos como una semilla, con un complejo programa
psíquico-biológico que nos llevará a convertirnos
en individuos formados y maduros, como la semilla tiene su programa de
convertirse en un determinado árbol maduro y capaz de generar sus
propios frutos. Siguiendo con este paralelismo simbólico, la astrología
solamente nos anuncia cuándo estamos listos para experimentar determinadas
vivencias y cambios, como las estaciones y la meteorología anuncian
a la planta cuándo es el momento del florecimiento o la caída
de la hoja. Procesos necesarios para que llegue a ser el árbol
maduro en el que está proyectado llegar a convertirse.